jueves, 6 de febrero de 2014

     


 "He llegado a la conclusión aterradora de que yo soy el 

elemento decisivo en mi vida. Yo poseo el tremendo poder 

para hacer mi vida miserable o alegre. Para con otros y 

conmigo mismo, yo puedo ser una herramienta de tortura o 

un instrumento de inspiración. Es mi respuesta que decide 

si una crisis se escala o no. Son mis acciones que deciden si 

yo me ennoblezco o me degrado, y si humanizan o 

deshumanizan a los demás. Yo soy el poder en mi 

vida."—Johann Goethe, filósofo alemán (1749-1832).


Hace días que estoy buscando palabras para expresar la cualidad de la actitud que anhelo cultivar en mí en esto tiempos de crisis política y económica, donde uno se siente parte de una gran conmoción , una incertidumbre y donde a diestra y siniestra , de un polo a otro, se esgrimen acusaciones de todo tipo y nivel. 

Olvidando que no hay  análisis posible en ninguna situación humana, íntima o en gran escala, privada o pública, en la que uno no tenga que ver, a la que uno no haya aportado nada, en la cual uno sea el mero espectador de cómo se equivocan los otros . Consciente o inconscientemente todos somos parte de lo que nos afecta y todos hemos contribuido para llegar hasta acá. 

Por eso el primer paso es el reconocimiento de aquello que puede cambiar en mí.

Esto no quiere decir que uno niegue el error ajeno , o lo justifique.


Es simplemente llevar el foco de la energía a lo que puedo transformar, a lo que me corresponde. El desarrollo de cada uno de nosotros está entrelazado con otros pero la decisión de crecer o no, es individual y , como demuestran muchos testimonios valiosos , como el de Mandela, o Viktor Frankl, no depende de lo que esté sucediendo alrededor . 


Los sucesos personales o sociales de los que somos parte son en realidad la manifestación visible de procesos muy complejos en los cuales todos estamos tejiendo la trama, cada uno desde su lugar, con lo que es, con su misión de vida, con aquello que vino a aprender , con las decisiones que toma, con la energía que emana. Aunque no nos demos cuenta .


Cada vez que frente a un gran malestar buscamos un culpable antes que nada, y caemos en la tentación de creer que esa persona o ese grupo de personas es el absoluto responsable de lo que ocurre a nivel  personal, nacional o global estamos equivocados , pero sobre todo estamos perdiendo la valiosa oportunidad de transformación que la situación nos presenta. 


Y la responsabilidad de la transformación recae en mayor medida en aquellos que tienen mayor conciencia de los procesos. 
Porque lo maravilloso es que , aunque la decisión de emprender este camino es totalmente individual, el efecto llega a todos. Cuando elevamos nuestra conciencia , la frecuencia que transmitimos ayuda a otros en su propio proceso de transformación. 

En este momento difícil  los líderes visibles no están pudiendo dar este paso . Lo que recibimos de los medios es una seguidilla de declaraciones en las que ellos  acusan al bando contrario y poca o ninguna tendencia tienen a reconocer los errores propios. La culpa la tiene el gobierno, los especuladores, los comerciantes , los que trabajan, los que no trabajan, en fin , el otro para el que acusa. 

Por eso yo siento fuertemente que no viene de los líderes  la posibilidad de cambio. La posibilidad de integrar y tratar de ver la totalidad está en cada uno de nosotros. 
Y si emprendemos este camino, los líderes tomarán esta energía. O dejarán de serlo y aparecerán otros. 
Porque ellos son, hoy , los representantes de la energía de hoy.

Gracias, Goethe, a doscientos años de tus palabras.