Pascua de Resurrección
Algunas reflexiones acerca de la violencia
Pasan los
días, y mientras transcurren y suceden cosas
hago un alto para pensar sobre
algo que siento que nos convoca a todos a una reflexión y a una transformación:
la violencia.
Vayamos a su significado según el diccionario : Utilización
de la fuerza excesivamente. Acción injusta con que se ofende o perjudica a
alguien. Tipo de interacción humana que se manifiesta en aquellas
conductas o situaciones que, de forma deliberada, aprendida o imitada, provocan o amenazan con hacer daño o sometimiento grave (físico, sexual o
psicológico) a un individuo o una colectividad; o los afectan de tal manera que
limitan sus potencialidades presentes o las futuras.
Se trata de un concepto complejo que admite diversos matices
dependiendo del punto de vista desde el que se
lo considere; en este sentido, su aplicación a la realidad depende en
ocasiones de apreciaciones subjetivas.
La violencia fue asociada desde tiempos muy remotos a la idea de la
fuerza física y el poder. Los romanos llamaban vis, vires a esa fuerza, al
vigor que permite que la voluntad de uno se imponga sobre la de otro. Vis
tempestatis se llama en latín el ‘vigor de una tempestad’. En el Código de
Justiniano se habla de una ‘fuerza mayor, que no se puede resistir’ (vis magna
cui resisti non potest). Vis dio lugar al adjetivo violentus, que aplicado a
cosas, se puede traducir como ‘violento’, ‘impetuoso’, ‘furioso’,
‘incontenible’, y cuando se refiere a personas, como ‘fuerte’, ‘violento’, ‘irascible’.
De violentus se derivaron violare --con el sentido de ‘agredir con violencia’,
‘maltratar’, ‘arruinar’, ‘dañar’-- y violentia, que significó ‘impetuosidad’,
‘ardor’ (del sol), ‘rigor’ (del invierno), así como ‘ferocidad’, ‘rudeza’ y
‘saña’. Algunas interpretaciones muestran que vis, fuerza, el vocablo latino que dio lugar a esta
familia de palabras, proviene de la raíz prehistórica indoeuropea uei- ‘fuerza
vital’, ir detrás de algo, perseguir con vigor, deseo, poder, fuerza.
Estamos en tiempos donde
se siente que hay mucha violencia explícita en las calles de nuestra comunidad:
agresiones de palabra, arrebatos y robos, asesinatos a mano armada ,
linchamientos.
Pero si investigamos
esta palabra en profundidad vemos que no es tan sencillo describirla y
clasificarla. Una tempestad puede ser violenta y limpiar y transformar la
tierra y la atmósfera .
La violencia está unida al daño y está unida a la vida. Es fuerza y es destrucción. La violencia es parte de la
naturaleza, de la vida, de la muerte, y de nuestra existencia. Es la fuerza
vital reprimida que sale a borbotones cuando se le niega a su existencia, y
cuanto más se le niega su existencia más destruye cuando sale.
¿Cómo saber qué hacer con esta fuerza interna, cómo saber cuándo está a
favor de la vida y de la evolución y cuando se convierte en fuerza destructiva
por sí misma?
He ahí un gran enigma que enfrenta la humanidad consciente o
inconscientemente hace miles de años. Que ha sido causa de justificación de
grandes actos de crueldad y destrucción.
Suprimir la violencia es imposible. Reprimirla es inútil. Es una gran
tentación, porque para ser aceptado
socialmente hoy en día es bueno ser
manso, tranquilo. El problema es que cuando reprimo la violencia, ésta se aloja
en el gran reino del insconciente , y cobra vitalidad oculta, en la sombra,
alimentándose sin que nos demos cuenta hasta que en el momento más inesperado
irrumpe con toda la fuerza de haber roto el dique de contención y nos
sorprendemos cuando nos encontramos a nosotros mismos o a otras personas que
creíamos tan mansas en actos de mucha brutalidad y destrucción.
El camino es transformarla, dejar que se trasmute en energía vigorosa
constructiva. Proceso complejo si los hay. Que compromete lo más difícil del
ser que es la aceptación de que soy violento. Aunque sea un buen vecino, madre
de familia , ciudadano respetuoso , amigo querido, etc, si pertenezco a la raza
humana y vivo en este mundo, en este milenio y en esta cultura, soy violento.
Esa energía vive en mí. Si la asumo, tengo la posibilidad de transformarla . Si
la niego, se manifestará a mi alrededor y aunque yo crea que no tengo nada que
ver , porque no es mi mano la que perpetra los actos, yo soy responsable de
esos actos en alguna medida. Porque la violencia es una energía. Cuando la
reconocemos es generalmente a través de sus efectos pero antes de llegar a esos
efectos la energía estaba y circulaba y promovía e iba creando la situación
para ser expresada. El acto de violencia es un acto vincular en el cual todos
somos parte, algunos en forma más conciente y activa y otros en forma más
inconciente y proyectiva.
Reconocer esto puede ser muy terrible pero muy liberador; terrible
porque no me exonera de responsabilidad aunque yo no haya levantado la mano
para destruir o golpear; pero liberador porque me permite transitar el camino de sentirme parte de
esta humanidad y trabajar con mis sentimientos internos más inconscientes y más
profundos , allí donde se aloja el resentimiento, la ira, el odio y más que nada
el dolor . Me permite transformar para ser más libre, y aumentar mi capacidad de amar.
Decía Jung que aquello que está en la sombra se convierte en nuestro
destino . La violencia no asumida en nosotros, no trabajada , vuelve a nosotros
como un boomerang expresada por un otro al que puedo proyectarle mi odio
reprimido y seguir alimentando el circuito de víctima /victimario ; o puedo hacer un alto y centrarme en mí, preguntarme
qué me está sucediendo, tratar de desentrañar las señales ocultas para evolucionar
por ese camino.
La violencia en mi
vida, en la comunidad, en el mundo, me muestran claramente que algo tengo que
cambiar.
No importa si “el otro” no lo
hace. En el momento en que me doy
cuenta ,la tarea es ineludible. Y lo más maravilloso es que en el proceso de
transformación, cuando elijo el camino del amor y la libertad, esa frecuencia
se multiplica a mi alrededor y ayuda
los otros a emprender ese camino también.
El acto de la voluntad de sentir la violencia y no actuarla tiene un inmenso valor, así como de disuadir
a otros de ejercer violencia . Porque
la violencia genera más violencia en el otro y también alimenta el círcuito
víctima / victimario desde el otro polo. El que la actúa refuerza un polo, el
que no la actúa y la proyecta refuerza el otro. Los dos son responsables. ¿Quién
tiene mayor responsabilidad? Ambos. ¿Quién es el puede romper el círculo
vicioso? El que tenga mayor conciencia. No importa en qué polo esté. En el
momento en que uno de los dos empieza el camino de transformación interna y deja
de pensar que el problema es del otro ,
cambia la configuración energética para ambos. Tarea muy difícil pero de una
fuerza enorme.
Una de las características más fuertes de la sociedad polarizada de hoy
es la proyección de la violencia social en un sector etiquetado (por uno mismo
y sus prejuicios, obviamente) que es
considerado culpable de esa violencia. Entonces decimos que hombre es violento
frente a la mujer, que una raza es más violenta que otra, que una etnia es más
violenta que otra, que un partido político es más violento que otro, que una
clase social es más violenta que otra. Generalmente nos encanta descubrir que
aquel que no nos gusta, no nos cae bien, no comprendemos mucho o sentimos
lejanos y hasta hostiles es el culpable de todo cuando si analizamos
cuidadosamente, grupos humanos de toda índole que han sido víctimas en alguna
circunstancia después en otra son los propios verdugos.
No hay etnias violentas, religiones violentas, clases sociales
violentas, etc. Hay hombre violentos .El ser humano es violento. En todas sus
formas, géneros, razas, comunidades, con distintos niveles de evolución y de
conciencia que dificultan el camino .
“¡Si todo fuera tan sencillo! Si en algún lugar existieran personas acechando para perpetrar iniquidades bastaría con separarlos del resto de nosotros y destruirlos. Pero la línea que divide el bien del mal pasa por el centro mismo de corazón de todo ser humano . ¿Y quién está dispuesto a destruir un solo fragmento de su corazón?”
Alexander Solzhenitsyn
Por eso mismo, cuando vemos , padecemos y nos preocupamos por lo que
pasa, recordemos esto y pensemos que no somos ajenos, que el trabajo empieza
por cada uno . Está bien que como ciudadanos reclamemos más justicia y queramos
que la sociedad sea menos violenta. Pero pensar que son violentos solamente los otros, los políticos, los
jueces, los policías, los ladrones, los ricos, los pobres, los barra bravas,
los piqueteros , los musulmanes, los católicos , los comunistas, los
capitalistas es una falacia . Todos somos violentos porque todos somos humanos y está en
nuestro corazón esa fuerza y también la capacidad de transformarla . Dejemos de enjuiciar al otro, porque eso
también es un acto de violencia.
“No es a los otros en este
planeta a quienes debemos temer. Después de todo, están gobernados por el miedo
también. Si podemos recordar eso, entonces tendremos menos animosidad hacia
ellos, y ellos tendrán menos influencia sobre nosotros. Esto no quiere decir
que debemos ser pasivos cuando nos hacen daño, pero tendremos menos
posibilidades de quedar atrapados en un
ciclo regresivo , repetitivo cuando recordamos que el miedo es el enemigo
común. Mientras escribo, tantas partes del mundo están devastadas por el miedo,
conducidas por la ira, e incapaces de ver al niño lastimado en sus enemigos.
Estamos gobernados por políticos cuya supervivencia como políticos depende de
avivar esos miedos y por lo tanto de dividirnos entre nosotros. Todos parecemos
olvidar las palabras que Philo de Alejandría pronunció hace milenios: ‘Sé
bueno, pues todos aquellos con los que te encuentras tiene realmente grandes
problemas’”
James Hollis En esta Pascua de Resurrección recordemos las palabras del poeta alemán:
La
auténtica verdad no es la verdad, sino el error trascendido.
La verdadera realidad no es la realidad, sino la ilusión despejada.
La auténtica pureza no es la pureza primigenia, sino la impureza depurada.
Y lo verdaderamente bueno no es el bien original, sino el mal superado.
La verdadera realidad no es la realidad, sino la ilusión despejada.
La auténtica pureza no es la pureza primigenia, sino la impureza depurada.
Y lo verdaderamente bueno no es el bien original, sino el mal superado.
Esto vale
para todo el universo, aún
para los dioses.
Pues en el camino de transformación del mal puede generarse algo nuevo
que no se hallaba originalmente en el bien.
Habiendo creado Dios la polaridad Él se ha obligado a sí mismo
a manifestar siempre de nuevo su más profunda esencia,
Pues en el camino de transformación del mal puede generarse algo nuevo
que no se hallaba originalmente en el bien.
Habiendo creado Dios la polaridad Él se ha obligado a sí mismo
a manifestar siempre de nuevo su más profunda esencia,
de una manera diferente a la que hubiera logrado sin ella
Friedrich Benesch
(1907-1991)