domingo, 20 de abril de 2014

20 de abril de 2014
Pascua de Resurrección
Algunas reflexiones acerca de la violencia


Pasan los días, y mientras transcurren y suceden cosas  hago un alto para pensar  sobre algo que siento que nos convoca a todos a una reflexión y a una transformación: la violencia.
Vayamos a su significado según el diccionario : Utilización de la fuerza excesivamente. Acción injusta con que se ofende o perjudica a alguien. Tipo de interacción humana que se manifiesta en aquellas conductas o situaciones que, de forma deliberada, aprendida o imitada, provocan o amenazan con hacer daño o sometimiento grave (físico, sexual o psicológico) a un individuo o una colectividad; o los afectan de tal manera que limitan sus potencialidades presentes o las futuras.
Se trata de un concepto complejo que admite diversos matices dependiendo del punto de vista desde el que se  lo considere; en este sentido, su aplicación a la realidad depende en ocasiones de apreciaciones subjetivas.
La violencia fue asociada desde tiempos muy remotos a la idea de la fuerza física y el poder. Los romanos llamaban vis, vires a esa fuerza, al vigor que permite que la voluntad de uno se imponga sobre la de otro. Vis tempestatis se llama en latín el ‘vigor de una tempestad’. En el Código de Justiniano se habla de una ‘fuerza mayor, que no se puede resistir’ (vis magna cui resisti non potest). Vis dio lugar al adjetivo violentus, que aplicado a cosas, se puede traducir como ‘violento’, ‘impetuoso’, ‘furioso’, ‘incontenible’, y cuando se refiere a personas, como ‘fuerte’, ‘violento’, ‘irascible’. De violentus se derivaron violare --con el sentido de ‘agredir con violencia’, ‘maltratar’, ‘arruinar’, ‘dañar’-- y violentia, que significó ‘impetuosidad’, ‘ardor’ (del sol), ‘rigor’ (del invierno), así como ‘ferocidad’, ‘rudeza’ y ‘saña’. Algunas interpretaciones muestran que vis, fuerza,  el vocablo latino que dio lugar a esta familia de palabras, proviene de la raíz prehistórica indoeuropea uei- ‘fuerza vital’, ir detrás de algo, perseguir con vigor, deseo, poder, fuerza.

Estamos en tiempos donde se siente que hay mucha violencia explícita en las calles de nuestra comunidad: agresiones de palabra, arrebatos y robos, asesinatos a mano armada , linchamientos.
Pero si investigamos esta palabra en profundidad vemos que no es tan sencillo describirla y clasificarla. Una tempestad puede ser violenta y limpiar y transformar la tierra y la atmósfera .
La violencia está unida al daño y está unida a la vida. Es fuerza y  es destrucción. La violencia es parte de la naturaleza, de la vida, de la muerte, y de nuestra existencia. Es la fuerza vital reprimida que sale a borbotones cuando se le niega a su existencia, y cuanto más se le niega su existencia más destruye cuando sale.
¿Cómo saber qué hacer con esta fuerza interna, cómo saber cuándo está a favor de la vida y de la evolución y cuando se convierte en fuerza destructiva por sí misma?
He ahí un gran enigma que enfrenta la humanidad consciente o inconscientemente hace miles de años. Que ha sido causa de justificación de grandes actos de crueldad y destrucción.
Suprimir la violencia es imposible. Reprimirla es inútil. Es una gran tentación,  porque para ser aceptado socialmente hoy en día  es bueno ser manso, tranquilo. El problema es que cuando reprimo la violencia, ésta se aloja en el gran reino del insconciente , y cobra vitalidad oculta, en la sombra, alimentándose sin que nos demos cuenta hasta que en el momento más inesperado irrumpe con toda la fuerza de haber roto el dique de contención y nos sorprendemos cuando nos encontramos a nosotros mismos o a otras personas que creíamos tan mansas en actos de mucha brutalidad y destrucción.
El camino es transformarla, dejar que se trasmute en energía vigorosa constructiva. Proceso complejo si los hay. Que compromete lo más difícil del ser que es la aceptación de que soy violento. Aunque sea un buen vecino, madre de familia , ciudadano respetuoso , amigo querido, etc, si pertenezco a la raza humana y vivo en este mundo, en este milenio y en esta cultura, soy violento. Esa energía vive en mí. Si la asumo, tengo la posibilidad de transformarla . Si la niego, se manifestará a mi alrededor y aunque yo crea que no tengo nada que ver , porque no es mi mano la que perpetra los actos, yo soy responsable de esos actos en alguna medida. Porque la violencia es una energía. Cuando la reconocemos es generalmente a través de sus efectos pero antes de llegar a esos efectos la energía estaba y circulaba y promovía e iba creando la situación para ser expresada. El acto de violencia es un acto vincular en el cual todos somos parte, algunos en forma más conciente y activa y otros en forma más inconciente y proyectiva.
Reconocer esto puede ser muy terrible pero muy liberador; terrible porque no me exonera de responsabilidad aunque yo no haya levantado la mano para destruir o golpear; pero liberador porque me permite  transitar el camino de sentirme parte de esta humanidad y trabajar con mis sentimientos internos más inconscientes y más profundos , allí donde se aloja el resentimiento, la ira, el odio y más que nada el dolor . Me permite transformar  para ser más libre, y aumentar mi capacidad de amar.
Decía Jung que aquello que está en la sombra se convierte en nuestro destino . La violencia no asumida en nosotros, no trabajada , vuelve a nosotros como un boomerang expresada por un otro al que puedo proyectarle mi odio reprimido y seguir alimentando el circuito de víctima  /victimario ; o puedo hacer un alto y centrarme en mí, preguntarme qué me está sucediendo, tratar de desentrañar las señales ocultas para evolucionar por ese camino.
La violencia en mi vida, en la comunidad, en el mundo, me muestran claramente que algo tengo que cambiar.
No importa si “el otro” no lo hace. En el momento  en que me doy cuenta ,la tarea es ineludible. Y lo más maravilloso es que en el proceso de transformación, cuando elijo el camino del amor y la libertad, esa frecuencia se multiplica a mi alrededor y ayuda  los otros a emprender ese camino también.
El acto de la voluntad de sentir la violencia y no actuarla  tiene un inmenso valor, así como de disuadir a otros de  ejercer violencia . Porque la violencia genera más violencia en el otro y también alimenta el círcuito víctima / victimario desde el otro polo. El que la actúa refuerza un polo, el que no la actúa y la proyecta refuerza el otro. Los dos son responsables. ¿Quién tiene mayor responsabilidad? Ambos. ¿Quién es el puede romper el círculo vicioso? El que tenga mayor conciencia. No importa en qué polo esté. En el momento en que uno de los dos empieza el camino de transformación interna y deja de pensar que el  problema es del otro , cambia la configuración energética para ambos. Tarea muy difícil pero de una fuerza enorme.
Una de las características más fuertes de la sociedad polarizada de hoy es la proyección de la violencia social en un sector etiquetado (por uno mismo y  sus prejuicios, obviamente) que es considerado culpable de esa violencia. Entonces decimos que hombre es violento frente a la mujer, que una raza es más violenta que otra, que una etnia es más violenta que otra, que un partido político es más violento que otro, que una clase social es más violenta que otra. Generalmente nos encanta descubrir que aquel que no nos gusta, no nos cae bien, no comprendemos mucho o sentimos lejanos y hasta hostiles es el culpable de todo cuando si analizamos cuidadosamente, grupos humanos de toda índole que han sido víctimas en alguna circunstancia después en otra son los propios verdugos.

No hay etnias violentas, religiones violentas, clases sociales violentas, etc. Hay hombre violentos .El ser humano es violento. En todas sus formas, géneros, razas, comunidades, con distintos niveles de evolución y de conciencia que dificultan el camino .

“¡Si todo fuera tan sencillo! Si en algún lugar existieran personas acechando para perpetrar iniquidades bastaría con separarlos del resto de nosotros y destruirlos. Pero la línea que divide el bien del mal pasa por el centro mismo de corazón de todo ser humano . ¿Y quién está dispuesto a destruir un solo fragmento de su corazón?”
Alexander Solzhenitsyn


Por eso mismo, cuando vemos , padecemos y nos preocupamos por lo que pasa, recordemos esto y pensemos que no somos ajenos, que el trabajo empieza por cada uno . Está bien que como ciudadanos reclamemos más justicia y queramos que la sociedad sea menos violenta. Pero pensar que son violentos  solamente los otros, los políticos, los jueces, los policías, los ladrones, los ricos, los pobres, los barra bravas, los piqueteros , los musulmanes, los católicos , los comunistas, los capitalistas es una falacia . Todos somos violentos porque todos somos humanos y está en nuestro corazón esa fuerza y también la capacidad de transformarla .   Dejemos de enjuiciar al otro, porque eso también es un acto de violencia.
“No es a los otros  en este planeta a quienes debemos temer. Después de todo, están gobernados por el miedo también. Si podemos recordar eso, entonces tendremos menos animosidad hacia ellos, y ellos tendrán menos influencia sobre nosotros. Esto no quiere decir que debemos ser pasivos cuando nos hacen daño, pero tendremos menos posibilidades de quedar atrapados en  un ciclo regresivo , repetitivo cuando recordamos que el miedo es el enemigo común. Mientras escribo, tantas partes del mundo están devastadas por el miedo, conducidas por la ira, e incapaces de ver al niño lastimado en sus enemigos. Estamos gobernados por políticos cuya supervivencia como políticos depende de avivar esos miedos y por lo tanto de dividirnos entre nosotros. Todos parecemos olvidar las palabras que Philo de Alejandría pronunció hace milenios: ‘Sé bueno, pues todos aquellos con los que te encuentras tiene realmente grandes problemas’”
James Hollis


En esta Pascua de Resurrección recordemos las palabras del poeta alemán:


La auténtica verdad no es la verdad, sino el error trascendido.
La verdadera realidad no es la realidad, sino la ilusión despejada.
La auténtica pureza no es la pureza primigenia, sino la impureza depurada.
Y lo verdaderamente bueno no es el bien original,  sino el mal superado.
Esto vale para todo el universo, aún para los dioses.
Pues en el camino de transformación del mal puede generarse algo nuevo
que  no se hallaba originalmente en el bien.
Habiendo creado Dios la polaridad Él se ha obligado a sí mismo

a manifestar siempre de nuevo su más profunda esencia,
de una manera diferente a la que hubiera logrado sin ella

Friedrich Benesch (1907-1991)